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Los efectos que provoca la exposición de pantallas en la piel

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Hace tiempo que venimos leyendo o escuchando las consecuencias adversas que trae consigo la sobreexposición a las pantallas. Esta es una realidad que se ha hecho constante en nuestros días, producto del teletrabajo y el excesivo uso de los aparatos tecnológicos que trae consigo estudiar, ver un doctor (telemedicina) e incluso encontrarse con los amigos y con la familia virtualmente.

El avance de la tecnología nos ha expuesto a una luz artificial, con predominio de luz azul, de baja intensidad que poco tiene que ver con la luz natural y que no le hace bien a nuestro organismo. Pero precisamente ¿dónde está presente la luz azul? Básicamente en todos los dispositivos electrónicos que usamos día a día como los computadores, celulares, tablets, televisores, y también en las ampolletas LED. Sin embargo, esta luz no está solo en los aparatos tecnológicos, también está presente de manera natural en los rayos solares, junto a un espectro de otros colores que conforman la radiación.

Aunque los efectos dependen de las condiciones de exposición -la intensidad, la duración y la periodicidad-, la luz azul tiene múltiples efectos nocivos sobre la piel. Algunos de ellos son la pérdida de firmeza y elasticidad de la piel, ya que destruye el colágeno mediante un proceso que se llama “estrés oxidativo”; aparición de manchas por la sobreproducción de melanina que propicia la luz emitida por las pantallas; deterioro de las membranas celulares y alteraciones en el ADN de las células de la piel. También daña la retina ocular afectando en que los ojos se sienten más cansados y pesados, y además produce insomnio, ya que reduce la liberación de melatonina.

Considerando la alta exposición que tenemos constantemente frente a los dispositivos digitales, cabe preguntarse cuál es la manera más idónea para proteger la piel de esta llamada luz azul. En esta línea, las recomendaciones son reducir al máximo el uso de pantallas, especialmente en la noche antes de dormir, ya que como mencionábamos su uso genera la suspensión de la melatonina en el cerebro, que tiene como una de sus principales funciones inducir el sueño. En caso de no tener alternativa bajarles el brillo a las pantallas. Otra recomendación es buscar un reemplazo de aquellas ampolletas LED estándar, por una versión que emita menos luz azul y utilizar la alternativa de “modo nocturno” que tienen algunos aparatos, especialmente cuando hay poca luz exterior.

Por otra parte, no olvidar usar cremas con protección solar alta contra los rayos UVA y UVB, independiente de si no nos exponemos al sol o no, ya que nos protegerán de la luz azul. Una dieta rica en vitamina C también ayuda a mejorar la protección de la piel y a reducir el envejecimiento prematuro.

En definitiva, los aparatos tecnológicos que emiten una gran cantidad de luz azul son parte de nuestro diario vivir, y lo seguirán siendo cada vez más, por esta razón, la mejor manera de evitar daños colaterales es hacer un uso responsable de ellos y seguir los consejos que permitan reducir o evitar estos efectos secundarios.

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